¿Y
DE LAS PAPELERAS EN URUGUAY?
Desde
ya, nadie quiere contaminar más el planeta - pero todos
necesitamos papel, y lo compramos a diario. Lo queremos barato,
perfectamente blanco y satinado. Y no sólo para escribirlo,
sino también en todas sus formas: para envoltorios, cartulinas
y cartones, papel para libros, revistas y diarios, facturas
y formularios, boletos, fotos, etc. En definitva, todos somos
consumidores y clientes finales.
Mucho se dice acerca de si las papeleras van a contaminar o
no. Claro que van a contaminar, pero... ¿Afectará
la vidade los ciudadanos de uno y otro margen del uruguay? ¿Impactará
seriamente la flora y fauna - la vida silvestre? Seguramente
algunas localidades podrán notar sus efectos, sea en
el corto, mediano o largo plazo. Así también aficionados
o dependientes de la pesca en determinadas localidades más
o menos amplias seguramente notarán cambios desfavorables,
y algunos biólogos advertirán la merma de ciertas
especies. Estas manifestaciones de la contaminación,
en todo o en parte, podrán atribuirse a la papeleras.
Sin embargo... debemos poner esto en perspectiva con otros daños
ambientales, entre los cuales quiero mencionar dos: el corte
de los bosques nativos, y el emplazamiento de bosques implantados
donde no los hay.
Los bosques que se van...
No tiene nada que ver con las papeleras- ¿o si? El corte
de bosques de especies nativos y selvas naturales es un verdadero
horror, puesto que es irreversible y extermina la flora (los
mismo arboles más toda la comunidad vegetal asociada
a los mismos) y la fauna (los animales que requieren esos arboles
para vivir). Al consecuente cambio rotundo del paisaje se suma
la pérdida de ambientes vegetales únicos, y la
desaparición segura de miles de especies adaptadas a
vivir en consonancia con esos bosques nativos. Miles, en efecto,
si uno abarca todas las formas de vida, eso que se llama biodiversidad
- y recordemos que la conservación de la biodiversidad
está ordenada en nuestra Constitución. Y por último,
estos cortes también impactan en la vida de los humanos,
de una manera u otra, no siempre inmediatamente, pero a veces
de maneras insospechadas.
Por ejemplo: uno de los factores que seguramente contribuyó
a la gran inundación de la ciudad de Santa Fe hace unos
pocos años fue el corte (paulatino pero seguro) de los
bosques en una enorme área de la cuenca del río.
Al no estar más esos bosquecitos de espinillo y algarrobo
(bajos y pinchudos, si, pero bosques al fin), las aguas de una
fuerte lluvia tienen "vía libre" para bajar
rápidamente a los arroyos y a los ríos, y así
causar una catástrofe nunca vista. Al no estar el bosque
que brindaba un "efecto esponja" para toda la comarca,
las aguas recorren en horas lo que antes tardaba semanas o meses.
Claro que fue una crecida nunca vista - por que antes siempre
hubo bosque que la evitaba, y ahora esa defensa natural no está
más. Si es que se le puede asignar a los gobiernos alguna
culpa, es por promover actividades que cambian el USO DE LA
TIERRA sin medir las consecuencias - solamente miden si éstas
generan mayores ingresos inmediatos para el municipio. Así
es que se ofrecen estímulos y créditos para que
todos se sumen a grandes proyectos y desafíos "colonizadores",
cuyas consecuencias a veces no están analizadas - y otras
veces sí lo están, pero las advertencias no son
tomadas en cuenta, ni siquiera cuando son emitidas por entidades
científicas, serias y reconocidas. Y por lo contrario,
las tierras que son mantenidas por sus dueños en estado
silvestre (denominadas "sin mejoras") para preservar
la fisonomía original, brindando una oportunidad de vida
para la flora y fauna, muchas veces pagan un impuesto castigo.
Y los bosques que se vienen...
El otro caso es el de las forestaciones. O aforestaciones. Veamos:
si plantar un árbol es visto como un acto positivo a
favor de la naturaleza, entonces implantar un bosque entero
debería ser considerado como el gesto ecológico
supremo. Sin embargo generalmente es todo lo contrario: constituye
una catástrofe ecológica. Es que las especies
de arboles implantadas para crear el bosque son (en casi todos
los casos) exóticas, vale decir, no nativas. Pinos y
eucaliptos, provenientes de otras latitudes (EEUU y Australia)
son los preferidos, por su rápido crecimiento y por que
secan los pantanos. Además, las superficies implantadas
son enormes, inmensas. El bosque es monocultivo, antítesis
de biodiversidad. Así, los terratenientes eliminan los
ambientes naturales para poner sus plantaciones, llevando a
la extinción a las formas de vida que necesitan justamente
de esos pastizales y bañados para vivir. Ha pasado y
está pasando en la provincia de Corrientes, causando
la desaparición de pastizales altos e inundables, y bañados,
y con ellos toda la fauna asociada: el Aguará Guazú,
el Ciervo de los Pantanos, insectos y reptiles, y aves como
el Federal, Capuchinos, el Tordo Amarillo, la Monjita Dominicana,
y otras especies como éstas que ya son muy escasas y
se acercan rápidamente a la extinción. Peor aún
es el caso de la provincia de Misiones, donde se compra un lote
y se corta la selva - aquella formación repleta de infinidades
de formas de vida, nuestro gran tesoro de vida silvestre, el
ambiente natural de mayor biodiversidad de todo el país
- para implantar el monocultivo: de nuevo, bosques de pinos
y eucaliptos. A estos bosques implantados se los llama "desiertos
verdes" por que allí nada más crece: ni arbusto,
ni liana ni helecho - nada que no sea el pino dispuesto en prolijísimas
líneas, todos de idéntica forma, edad y genética.
Y en esa uniformidad no entra ni pájaro ni reptil. Pasa
de ser una tierra rebasante de vida a un desierto verde. ¡Esterilizado
de toda otra forma de vida! Un cambio irreversible y para siempre.
¿Se entiende por que implantar un bosque no es tan ecológico
como parece?
Y
acá, sorpresivamente, volvemos a las papeleras: ¿Cuál
es la finalidad de plantar tantos árboles? Pues para
suministrar la materia prima que precisan las papeleras - sea
de un margen u otro de la frontera.
Entonces, quizás el verdadero potencial de desastre ecológico
de las papeleras, la causa que realmente llevará a la
desaparición de especies de flora y fauna y afectará
de mil maneras a la vida humana, no es la contaminación
sino el gran cambio que se dará próximamente en
el "uso de la tierra". Es la desaparición de
las lagunas y juncales, de pantanos cubiertos de camalotes,
de hermosos pastizales altos, y de los bosques del bonito Ñandubay,
a favor de la implantación de bosques exóticos
a una escala nunca antes vista. Desde ya, a esto se sumará
la merma de algunas especies acuáticas a causa de la
contaminación química del río. Pero es
posible que el daño que provoque esta contaminación
sea, incluso a largo plazo, secundario. En todo caso, si de
peces hablamos, mucho más serio es gran tema de la sobrepesca.
Las plantas de pasta de papel - tanto las proyectadas en Uruguay
como las existentes en Misiones, sean contaminantes o no, usen
la tecnología que usen - entonces, pueden conducir a
un cambio de fisonomía de importantes extensiones en
las provincias de la mesopotamia (Entre Ríos, Corrientes
y Misiones). Este es segramente daño más serio
que, indirectamente, pueden causar al medioambiente.
¿Por que "indirectamente"? Pues por que no
es la papelera la que corta el bosque. Eso es desición
de cada terrateniente: la vida del bosque pende de la mano de
los dueños de campos y chacras. Su destino depende de
las cuentas económicas y pareceres, del negocio que hizo
el vecino, del precio de la carne y de la soja. Son los correntinos,
entrerrianos y misioneros quienes determinan el futuro del bosque.
Si siguen criando ganado o si venden todo a empresarios madereros
y forestales, nacionales o extranjeros.
Entonces, si Gualeguaychú se opone a las papeleras por
motivos ambientales, quisiera ver que, cuando la pastera esté
construida y operando, Gualeguaychú se mantenga firme
en su postura de proteger el medio ambiente, por no cortando
el acceso al puente sinó asegurando que la sociedad pase
las leyes que efectivamente cuiden el paisaje natural de la
provincia.
La
nota que antecede ha sido transcripta con mi permiso en la revista
de SITRAED (Sindicato de Trabajadores de la Educación
de la provincia del Chubut), edición de Abril 2006
(Año III Nª 14), pág 8. ¡Gracias por
considerarla para la revista!
Breve
extensión incorporada el 18/04/2006:
Lo que sí hay que considerar es que el mencionado daño
ecológico producido por las eventuales aforestaciones
no son atribuibles a las papeleras, sino a las iniciativas privadas,
a la voluntad de los terratenientes locales y a una política
nacional que busca el desarrollo del sector maderero mediante
una ley que entrega subsidios para financiar plantaciones de
pino y eucaliptos. Las papeleras generan la demanda, pero lo
demás son resortes que se manejan de nuestro "lado
del charco", así que seremos los argentinos quienes
decidiremos si esto ocurre o no. No es conveniente siempre estar
buscando culpas externas para los problemas ambientales, por
que en la mayoría de los casos los daños los causamos
nosotros mismos.
La sociedad tendría que decidir
cual será el uso de la tierra a una escala regional,
pero, como habitualmente pasa, nuestro vasto territorio torna
difícil ejercer una política y un efectivo control.
Y así es que sin una política efectiva, el destino
queda en manos de iniciativas particulares, las cuales tomadas
en forma individual se aprecian como justificadas y razonables,
pero pasado un cierto tiempo las practicas se extienden de un
campo a otro, y cuando miramos atrás vemos que se ha
producido una transmutación irreversible del paisaje
de toda una región.
Hoy mismo existe una veda en toda la provincia de Entre Ríos
que prohibe la tala de bosque nativo, y sin embargo me consta
que sigue ocurriendo desmonte. El propietario se ve necesitado
de cortar leña para consumo propio, para la venta, para
siembra de cultivos, etc. No hay poder de policía tranqueras
adentro, y quizás a los inspectores viales que controlan
las cargas les falten conocimientos técnicos para diferenciar
las especies leñosas una vez colocada la carga en un
camión. Resultado: una elogiosa decisión del gobierno
provincial no es acatada, al menos no rigurosamente.